Somos judíos de Cataluña, ciudadanos españoles, respetuosos de las Instituciones y las Leyes que nos protegen en nuestro país, España, y que garantizan que desarrollemos nuestra vida como judíos en Paz y Seguridad.

Algunos somos descendientes de los que nunca renunciaron a su ancestral identidad sefardí (española); otros somos ashkenazíes y muchos formamos familias que mezclan ambas grandes ramas del judaísmo. También nos conforman los que se quedaron en España y hoy vuelven al pueblo judío o los que deciden serlo por convicción. Y contamos con muchos amigos que, sin ser judíos, simpatizan con nosotros y nos apoyan.

Unos somos más observantes, otros menos. Pertenecemos a comunidades ortodoxas, conservadoras y reformistas, o sin estar afiliados a ellas, nos une la fuerte identidad judía, nuestro cariño por Cataluña y España, nuestra profundo vínculo con Israel y nuestra lealtad al Reino de España y su Monarquía Constitucional.

Desde que hace un siglo los judíos volvimos a España y a Barcelona, hemos pasado vicisitudes y alegrías y también hemos contribuido a edificar nuestra concordia democrática y nuestro sistema de derechos, libertades y garantías. Aquí está nuestro hogar.

Creemos que la mayoría de los judíos de Cataluña, comparten nuestros valores, como sucede con la mayoría de los ciudadanos catalanes. Creemos que separar un país es romper una familia. Y sentimos una honda proximidad con el resto de los judíos de España, las Comunidades que los representan y la unión con los inquebrantables lazos históricos, afectivos y culturales que forman parte del legado de Sefarad y del judaísmo.

A pesar de cualquier presión, nadie puede obligarnos a decidir entre nuestras lealtades compartidas: ni entre España e Israel, ni entre España y Cataluña. Los judíos vivimos desde hace milenios, con identidades poliédricas y rechazamos que nos las miniaturicen, pues no sólo no son incompatibles ni conflictivas, sino que nos definen y enriquecen.

Sabemos que hay minorías “ruidosas” que pretenden hablar por los “judíos de Cataluña”; nada más lejos de la realidad: nadie puede hablar en nombre de todos. Los que a veces pueden tener más resonancia, no son necesariamente los que mejor representan a la mayoría.

Por otra parte, nos consta plenamente que el Estado Judío es un fiel aliado de España y rechazamos enérgicamente intoxicaciones malintencionadas de quien quiera asociarlo con cualquier postura que vulnere Derecho Internacional. Es a todas luces evidente que Israel respeta la solidez constitucional de España, a la vez que favorece y promueve la estabilidad en Europa y el Mediterráneo.

Los judíos catalanes proisraelíes rechazamos contundentemente cualquier equiparación entre el sionismo, la aspiración milenaria de un pueblo por volver a su tierra ancestral, regresando de la diáspora y refundando su Estado, con el nacionalismo separatista catalán. Respetamos las ideologías y sentimientos catalanistas, pero nos disgusta profundamente que para ello se construyan equivalencias falaces.

Es vital recordar que el nacimiento del Estado de Israel fue aprobado por las Naciones Unidas, con el consenso de las grandes potencias y una mayoría cualificada de países que alumbraron la creación de un hogar nacional judío que pusiera fin a una dominación colonial británica. Israel no se fundó sobre la base de enfrentar a judíos contra judíos, sino por un sentimiento y consenso unánime, sin exclusiones.

Como judíos, nos duele y preocupa ver en esta tierra conductas antidemocráticas que, no sólo atentan contra el Estado de Derecho y vulneran la Constitución, sino que además, desprecian y hostigan al discrepante, con un ademán excluyente.

Cataluña forma legalmente parte integral de España y sus ciudadanos gozan de plenos derechos y deberes. Los judíos de Cataluña debemos respetar el marco jurídico de la Constitución Española y el Estatuto de Cataluña. Nadie puede decidir por una parte de España sin contar con el resto, ni actuar con impunidad contra las normas que regulan nuestra convivencia.

Sabemos que, al respetar la Carta Magna de nuestro país, honramos fielmente la ley y la tradición judías que nos obligan a proceder de acuerdo a las normas y la autoridad legítima de la Nación. Somos fieles a nuestro legado y agradecidos con el país al que retornamos, la tierra que acogió a nuestros antepasados y en la que vivimos y que nos ha permitido prosperar.

La Historia nos enseña que los extremismos, los procesos guerracivilistas, la anarquía y el desgobierno suelen acabar teniendo a los judíos como víctimas propiciatorias. Hoy, el secesionismo tiene relevantemente en sus filas a grupos que unen a esa falta de moderación y respeto ideologías claramente antisemitas, encubiertas de posturas antiisraelíes.

En estos momentos de zozobra, ofrecemos una referencia a los judíos en Cataluña que comparten nuestros sentimientos, pero a los que no se les han ofrecido canales de expresión y, al mismo tiempo, exponemos a la opinión pública catalana, de toda España y del mundo, la voz real de la mayoría de los judíos que viven aquí: judíos que son, simultáneamente y sin conflicto, buenos catalanes y leales españoles.